Nada hay que sea más urgente que vibrar en
Alegría. Y, sin embargo, demasiadas veces nos regodeamos con complacencia en las
malas vibraciones: rencores, remordimientos, reproches, envidias, desconfianzas,
violencia… Miedos… MIEDO...
Pero ¿cómo podemos pretender, entregándonos
cotidianamente y sin pudor a la
antítesis del Amor, ni tan siquiera acercarnos a la anhelada Alegría? Aunque la
paradoja es que todos los caminos llevan, tarde o temprano, hasta ella…
Incluso los más dolorosos, aquellos que transitan por la distorsión de un mundo perfecto disfrazado de valle de lágrimas y cuyos ambagiosos caminos se vuelven, a veces, peligroso laberinto.
La Alegría es la alta cumbre desde donde se vislumbran y se abrazan todos los caminos recorridos, La Alegría es la música sagrada del Amor, su sublime perfume, su más tierna
caricia, su delicioso dulzor, su transmutador destello.
Por eso nada, absolutamente nada es más
urgente para esta partícula holográfica de Dios que cada uno de nosotros es que
vibrar en Alegría. Y digo Alegría, no insustancial dicha pasajera. Y al decir
Alegría me refiero a un estado vibracional elevado al máximo en el que todo parece estar
en su sitio. Esa patria a la que todos deseamos pertenecer (y a la que
inevitablemente pertenecemos) es la Alegría.
Para acceder a ella, entreguémonos con todo nuestro ser a la suprema tarea de vivir la Vida con aceptación (que no resignación), sin etiquetar, sin discriminar, sin
adjetivar: sencillamente, VIVIR… Sencillamente.
Es entonces y sólo entonces cuando empieza a
adueñarse de nuestro ser un sutil estremecimiento que, si se lo permitimos, algún
día será éxtasis… Como la semilla será árbol, como la brisa será huracán, como
la auténtica inspiración será obra maestra.
La Alegría nos acerca a Lo que es, a Lo que
somos. Es nuestra auténtica identidad… Pero acaso sea también nuestra identidad
secreta, nuestra recóndita identidad que anhela ser expresada dentro de un ser
cautivo de las sombras que demasiadas veces ha dejado de creer en la Luz. Y esa
Luz es, precisamente, otro nombre de la Alegría.
Cuando nos permitimos ser auténticamente
quienes somos, ocurre ese milagro que habíamos estado esperando vida tras vida. Podríamos decir que es como
si volviera la luz tras un apagón que se nos hizo eterno. Y es que cuando
vibramos alegres, somos uno con la Luz,
Lo que Somos y Lo que Es se fusionan en un abrazo incandescente y, entre
descontroladas carcajadas infantiles, al fin reconocemos que el Universo nunca
nos fue hostil.
Y porque nada hay que sea más urgente que
vibrar en Alegría, permítete hacerlo. ¡Ahora!
No hay comentarios:
Publicar un comentario